Tercera edad



¿Ya les conté que hace unos meses, en plena Avenida Corrientes, muy cerca del Abasto, me tropecé, fui haciendo pasos de baile para no caer pero igual quedé toda planchada en el piso como si estuviese durmiendo boca abajo? ¿Les dije que pude afrontar con altura el papelón de que vengan TRES hombres mayores (mayores de 70, ponéle) a ayudarme a levantar, y que, mientras yo intentaba desesperadamente ponerme lo más rápido posible en posición vertical para salir corriendo, uno me dijese...
-"Despacio, señora... quédese tranquila que nadie la apura"?

Es evidente que estoy entrando en la tercera edad y no quiero asumirlo.

Cosas que no hay que decirle a alguien que hace mucho que no ves y de repente está paralítico:


-¡Hola! ¿Cómo andás?
-¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Se te ve muy bien!
-¡Hola! ¡Qué cambiado que estás!
-¡Hola! ¡Tanto tiempo! ¡Estás igual!
-¡Hola! ¿Qué bien que estás! ¿Te cortaste el pelo?
-¡Hola! ¡Qué hermosa remera!
-¡Hola! ¡Qué hermosa silla!

Y siempre recordar que si el otro pregunta "¿Y vós como estás?", no responder bajo ningún concepto: "Yo bárbaro. Re bien. Todo sobre ruedas".



Un instante de terror


Estar en tu casa solo, chateando con cámara y que tu interlocutor te pregunte: "¿Quién está atrás tuyo?".

Parto natural


Empieza cuando uno se despierta sin recordar la noche anterior. Tiene un leve dolor de estómago pero mucha hambre. Después de comer empiezan los cólicos. Terribles cólicos mientras las vísceras se desgarran desde adentro. Entonces explota la panza. Sangre, tripas y mierda se estampan por todo el lugar. No importa: al instante uno se desmayará; enseguida estará muerto y nunca se habrá enterado de que acaba de parir un alien.




En el hospital, alguien le comenta a Madre que desde que toma medicación homeopática anda bárbaro y no tiene ningún resfrío. Ella contesta...
-"Sí. Yo tomé medicación homeopática durante cinco años y también anduve bárbaro. La dejé cuando empecé con todo esto en abril del año pasado; pero durante cinco años anduve bárbaro. Pero bárbaro bárbaro. No me agarró ni un solo resfriado. Ni uno. Me agarró un cáncer, pero resfriados ninguno".

Sobre colectiveros, chinos y putos.

Escena: Interior de colectivo lleno. Noche.
Protagonistas: El chofer y un chino.

Chino decir:
-¡Tener que abrir puerta en parada!
Colectivero contestar:
-¡Qué carajo te pasa qué tocás timbre así! ¡Bajate de una vez o te rompo el orto a patadas!
-¡Usted tener que abrir puerta en parada!
-¡Te abro cuando se me canta! ¡Y te dije que te bajés o te rompo el orto a patadas!
-¡Yo tocar timbre antes! ¡Usted tener que abrir en parada!

Por el tono del colectivero, pensé que en cualquier momento iba a meter en alguna frase el "chino de mierda", pero en cambio terminó con un "¡Rajá o te cago a trompadas! ¡PUTO DE MIERDA!".
Qué original, ¿no?

Rumbo a la perfección

Los seres humanos deberíamos ser desarmables. Ojo: no hablo de cosas como poder quitarnos el corazón si estamos tristes, o la cabeza si no queremos pensar. No. Esa es una fantasía demasiado trillada. Yo hablo de cosas concretas y simples. Es decir, que sean desarmables sólo las partes que se articulan. Así, por ejemplo, si tuviésemos que viajar en micro o avión y permanecer varias horas sentados, podríamos mandar a caminar a nuestras piernas para que no se hinchen, mientras dormimos cómodamente con la cabeza apoyada sobre los brazos que también nos quitaremos para ese fin. Los servicios de mensajería en moto o taxi (que ahora te hacen bajar a buscar el mensaje), llegarían a la puerta del departamento porque los taxistas y motoqueros mandarían a subir a un brazo con una bandeja con el paquete, mientras ellos se quedan cuidando la moto o el auto. Si hay que cargar a alguien que se desmayó, se podría desmontar por completo, poner en una mochila y llevar fácilmente en la espalda. También está la ventaja del descanso. Si uno está muerto de sueño, puede dejar trabajando a las manos y a un ojo, mientras duerme el resto.
La contra que tendría esta clase de cuerpo, sería que admitiría el recambio de piezas. Eso sería altamente favorable por un lado (porque si uno pierde un brazo, podría ponerse brazos nuevos de alguien, por supuesto, muerto), pero tendría una gran desventaja: el tráfico de personas hermosas. O simplemente de piernas lindas. O hasta de penes grandes. Habría todo un mercado negro de repuestos de humanos.
De todas formas yo creo que el hecho de que las personas no seamos desarmables, es otra prueba más, de la imperfección humana. Eso, tener que cagar y que sea tan rico comer pero que engorde. Ya que estamos, deberíamos también poder sacarnos el aparato digestivo después de las comidas, poder escurrirlo bien y volver a ponerlo en su lugar limpito y vacío. Claro que para eso además de desarmables deberíamos tener una especie de cierre para poder abrirnos y volver a cerrarnos...
Y bueno... Todo sea por la perfección.

Misterios de la naturaleza

Me pasa que a veces conozco gente que dice hacer trabajos sobre cosas que jamás se me hubiera ocurrido que se hacían. No que sean cosas insólitas sino que simplemente son cosas que me parece que nacieron así.
Yo puedo aceptar que hay gente que trabaja en papeleras y que fabrica papel, que hay gente que hace los subtítulos de las películas o que trabaja en una embotelladora, en un taller mecánico, en una fábrica de materiales quirúrgicos o en una fábrica de velcro. Pero por ejemplo, para mí las banditas elásticas nacen naturalmente por generación espontánea. ¿O acaso conocen a alguien que trabaje en una fábrica de banditas elásticas? Apuesto a que no. Además, ¿Cuántas veces en la vida las compraron y pese a no haber comprado casi nunca (o nunca), siempre tienen una?

Otra cosa que nace por generación espontánea, son los pinchos de los cepillos de dientes. No puedo creer bajo ningún concepto que me digan que hay gente que trabaja fabricando pinchos de cepillos de dientes. Imaginen una fábrica de eso. Millones de pinchitos revoloteando por todos lados desordenadamente. No. Es obvio que se fabrica el cepillo con los agujeritos, y los pinchitos brotan solos desde ahí.
Pero siempre hay gente capaz de inventar las cosas más absurdas. El otro día por ejemplo, conocí a alguien que me dijo que trabajaba escribiendo prospectos de medicamentos. ¡Hay cada loco! ¿O me van a decir que alguien tiene dudas de que los prospectos de los medicamentos nacen así: ya impresos?

Los plumeros también sienten

-No. Pollo no como porque me da pena.
-¿Y la vaca no te da pena?
-No, porque es grande.
-Pero es mamífero. Tiene sentimientos más humanos que un pollo.
-Bueno, pero podría darle una patada al que la va a matar y sin embargo se deja matar.
-Pero de confiada que es. Pobre. ¿No viste la cara de buena que tiene la vaca?
-Sí, pero no sé... los pollos tienen plumas. Me dan pena porque son como plumeros. Pobre. Imaginate comerte un plumero.

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(Almorzando con Raimundo, quién no come pollo porque siente pena de los plumeros).



Dudas existenciales

Madre me cuenta que está siguiendo el rescate de los mineros.

-¿Viste que salen y se abrazan con todo el mundo? Yo pensaba... ¿Se habrán higienizado? Porque imaginate, setenta días... Deben tener un olor... Y además pensaba... La caca, ¿A dónde la hacían? ¿Todo ahí nomás? ¿Tendrían papel higiénico?... Porque viste que esas cosas en la televisión no las dicen...




Tiempos modernos



Todavía no puedo darme cuenta de si la idea de que a los blogs se les agregue el botón "me gusta" es maravillosa, o patética.

Gente muerta

¿Todavía entra alguien a este blog?

Deseos


Yo creo que la mayoría de las mujeres quieren casarse de blanco sólo por ser el centro absoluto de una gran fiesta. El carácter desesperado del casamiento reside en que para muchas, ese va a ser el único gran protagónico de sus vidas. Por otro lado, el deseo oculto de toda mujer, es poder lucir mejor que la novia.




Vanguardias

Mi abuelo paterno murió en el año 1919 de gripe A, tipo H1N1.
Una joya de la modernidad justo en MI familia.



En reunión familiar, estaba mi mamá mandando mensajitos de texto a sus amigas. En un momento, después de escribir algo, se quedó mirando el celular con preocupación.
-Che... tengo que mandarle un mensaje a Paulina que está en Europa -dijo-. Crédito tengo pero me queda poca batería... ¿Llegará igual?





(No sé: no quiero imaginarme lo que le puede llegar a pasar a un mensaje de texto si se le agota toda la batería justo cuando está cruzando el Atlántico).


Seguidilla de correos (Editados y corregidos) que recibí de mi amigo Raimundo. Clickee sobre cada uno si quiere ver el producto.

Correo n° 1:
-Me compré este celular.

Correo n° 2:
-Y estos jeans.

Correo n° 3:

-Y estos lentes.

Correo n° 4:
-En realidad lo que hice fue idear un sistema de autoayuda/autoengaño por el cual el comprador compulsivo llega a CREER que se compró todo lo que quiere, aunque SABE que no es cierto. O sea, "cree" sin estar loco, porque "sabe" la verdad. La idea es mantener la autoestima alta por compra de cosas, que es a lo que apuntamos los compradores compulsivos. Cuanto más caras y hermosas, más autoestima. Como esto es concretamente, un autoengaño, la cosa es transmutar un autoengaño por otro: el de creer que somos mejores por tener todo eso, a el de creer que COMPRAMOS todo eso. Es sano porque somos felices y nuestro bolsillo sigue estando intacto.
Considerando que los compradores compulsivos somos muchos, creo que si patento mi sistema puedo llegar a hacerme rico y comprarme realmente todas esas cosas tan maravillosas. Después podría patentar el sistema II por el cual uno deja de autoengañarse y se convierte en comprador compulsivo, pero millonario.

Correo n° 5:
-De paso también me compré esta moto.



Update comentario de Raimundo en persona:

Podríamos inventar y patentar un Sistema III, por el cual hagamos frente a los efectos adversos de los sistemas anteriores, "Cómo salir del autoengaño sin derribar los sistemas paliativos de la compra compulsiva". Algo de autoengaño puede ser terapeutico, pero en cantidades considerables puede ser dañino para la salud mental, hoy a la mañana me compré 2 autos y te juro por lo que más quieras que no sé dónde los estacioné...

(Yo le creo)




A veces me pasa, cuando subo por escaleras mecánicas, que me imagino que la persona que está delante de mí se va a quedar detenida justo al salir, sea leyendo un mensaje de texto, sea mirando hacia dónde tiene que ir, y que todos los que están detrás se van a ir acumulando y cayendo en masa.

Resuelvo el problema con un pequeño empujón acompañado de un... "nena, a ver si te corrés y dejás pasar" o un... "señora porrrr favorrrr tiene que correrse"... con lo que salvo a todos de morir rodando por los escalones.

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(y sí, tenían que ser mujeres)

Muertos en el MSN (No soy Susana Giménez III)

Chatendo con mi amigo Raimundo.

YO: No sabés qué impresión. Abrí el msn de antes. No lo abría desde hacía más de dos años. Y estaba Ariel. El ex novio de Carola. El que se suicidó hace seis meses.
ÉL:
¿VIVO?

YO: No no! Muerto!
ÉL: ay MENOS MAL!!!!!
YO: además entré a su msn space que todavía está y se le podía dejar un mensaje. ¿No es impresionante?
ÉL: ¿Le dejaste mensaje??!!
YO: No! qué le iba a escribir? "Qué en paz descanses"?
ÉL: Nooooo! Mirá si te daba las gracias!!!!

Nene muere porque le arrebatan el postrecito


En el McDonald de Santa Fe y Pueyrredón, pasa un chico como de siete años pidiendo comida por las mesas. Al lado mío hay dos mujeres, aparentemente madre e hija, con un nene de unos tres años que está comiendo un sundae o algo de eso.

La madre del nene llama a una de las chicas del local y escucho lo siguiente:

Mamá del nene: -Mirá, ya es la segunda vez que pasa ese chico pidiendo, y a mí me da miedo, porque yo tengo a mi hijo acá... Y ES PELIGROSO.
Chica del local: -enseguida le aviso a seguridad para que se "encargue", señora.

La chica del local se aleja

Abuela del nene:
Y sí, hay que tener cuidado, porque uno nunca sabe... imaginate que el chico ese, en cualquier momento pasa... LE ARREBATA EL POSTRECITO A NICOLÁS, Y SALE CORRIENDO.



(¿Ven que lo que está realmente mal en McDonald no es la comida?)


Silbando en los pasillos a las dos de la mañana


La entrada de mi departamento está justo pegada a la escalera que va a los otros pisos. Si uno baja del ascensor y camina por el pasillo hacia mi puerta, se atraviesan algunos departamentos, pero la escalera está del otro lado. Es decir, que mi vivienda está ubicada entre la escalera y el ascensor, bastante lejos de este último.
Entonces pasa eso: que me bajo del ascensor a las dos de la mañana, y voy caminando hacia mi puerta. Y cuando estoy por llegar, y tengo el llavero en la mano, y al costado está la sombra del recodo de la escalera pero no veo lo que hay ahí: alguien se pone a silbar. El silbido viene un poco de más arriba, pero está bastante cerca. La cuestión que se me aparece ahora es si me doy vuelta y corro nuevamente hacia el ascensor, o apuro los pocos pasos que me acercan a la seguridad de mi casa pero también al silbido. Pero no hay nada de malo en un silbido en un pasillo a las dos de la mañana. Porque si fuese a ser alguien que me quisiese hacer algo, no silbaría y se quedaría en silencio. Al acecho. Pegado a la pared detrás de mi puerta para saltar en el instante preciso. Así que sigo y mientras voy a intentar abrir la puerta, el silbido empieza a acercarse. Está ahí nomás. Y las llaves son muchas y se mezclan. Y me apuro desesperada pero me equivoqué de llaves y gritar es ridículo porque no pasa nada. Alguien baja las escaleras silbando y son las dos de la mañana. Debe ser algún vecino medio loco, que se acerca. Y es tarde para volver al ascensor. Y además, si fuese ese vecino medio loco quedaría como una psicótica. O si gritase. Imagínense si gritase y fuese cualquiera que silba por silbar. Y se me quedase mirando fijo, con cara de sorpresa. Y yo tratando de meter alguna excusa... ¿Le diría que me pinché con la llave? Eso. Un grito desgarrador por pincharme con la llave. "¿Cómo que te pinchaste con la llave?"... "¡Sí. Con la llave, ¿Qué tiene? ¿Usted nunca se pinchó con una llave?". Rápido intento otra vez y lo decidí: voy a gritar, está cerca, está ahí. No me importa quedar como una loca. Cualquiera que silbe a las dos de la mañana en el pasillo de un edificio es forzosamente un psicópata. La puerta se abre. Entro y cierro con rapidez. Alcanzo a emitir, sin darme cuenta, un gritito corto y seco.
Estoy dentro. Cerré. Puse la llave. Me quedo unos instantes en la oscuridad calma de mi casa. Siento una euforia triunfal. Como de haber ganado. Me río sola un rato. Fuera no se escucha nada. Ahora les podría mentir. Les podría decir que un aire tibio me roza el cuello y directamente sobre mi oído, alguien vuelve a silbar. O podría decirles que, ya tranquila, enciendo la luz y noto con horror que hay alguien parado detrás de mí. Pero no. Lo curioso es que ni siquiera vienen sonidos desde el pasillo. Miro por la mirilla y no hay nada. Podría (porque aunque hace bastante tiempo que no escribo mi imaginación siempre es poderosa) decirles que pese a que allí afuera no se ve a nadie, suena el timbre. Podría escuchar unos golpes suaves en la puerta. Podría pasar algo que me convenza de que tenía razones para desesperarme. Pero no pasa nada. Entonces abro la puerta. Porque hay que ir al encuentro de la acción, como en las películas. Porque si me quedo no va a pasar más nada. Abro, decía. Y no hay nada. Entonces tengo que hacerlo. Me resulta irresistible. Despacio, me asomo al rellano de la escalera. Ahí está el tipo. Grito. Grito como si me estuviesen acuchillando. No es un grito: es un alarido. Y el tipo grita también. Y alcanzo ver su cara de pánico mientras se da vuelta y sale corriendo escalera arriba sin parar de gritar.

Se lo merece. Por silbar en los pasillos a las dos de la mañana.

La flatulencia y el principio de la creación del universo

Charlando con amigos, descubrimos lo maravilloso que es el pedo. Piensen en esto: aunque sea un gran pedo, nunca puede ser mayor a algo que quepa en nuestro abdomen. Es en realidad un aire pequeñito, una cosita chiquita de airecito concentrado. Un pedito. De repente explota y abarca toooodo el ambiente ¿No es maravilloso que en tan poco espacio puedan caber tantas partículas odoríferas? ¿Que un simple vientito pueda ocupar tanto espacio?

(La flatulencia es a la habitación donde se libere, lo que el Big Bang al universo)


Hoy estoy acá para decir la palabra "escarabajo". Porque me di cuenta de que en lo que va del año, no la dije nunca. Inclusive me atrevería a decirles que casi seguro que hace más de tres años que ni siquiera pienso en esos pobres insectos. Sí en "cucarachas". U "hormigas", "langostas" o "arañas" (y por supuesto "mosquitos"). "Caballos", "elefantes", "leones". Hasta "unicornios" o "Volkswágenes". Siento que a todo eso lo he nombrado o al menos pensado una vez en este último año; pero nunca"escarabajo".


Tenía que nombrarlos porque no era justo. Pobres bichos.

Recursos de autoabastecimiento

Entiendo que comerse las uñas es una forma de devorarse uno mismo. Uno empieza por las uñas, continúa por los pellizquitos, sigue con las yemas de los dedos. Cuando se quiere acordar ya se comió hasta la muñeca. Puede seguir hasta los hombros. Se termina allí porque en ese lugar la cosa se pone incómoda (prueben, por ejemplo, morderse ustedes mismos su propio cuello). Entonces pueden recomenzar por las uñas de los pies, para ir subiendo hasta donde lleguen (la ingle como mucho), o esperar a que les crezcan los brazos para retomar la tarea, como la gente normal, de fagocitarse desde las uñas de las manos.

Despertar de la pesadilla

Yo vivo sola. Mi dormitorio es la última habitación del departamento. Mi cama está en la última esquina. En el último lugar. En donde sería imposible escapar. Allí, atrapada en el último rincón, si alguien me fuese acorralando mi cama sería el resquicio final. Donde no hay salida. Huir, aunque fuese por la ventana, implicaría pasar sobre mi enemigo.

Entonces abro los ojos en mitad de la noche. Noto que me dormí con las luces de la casa prendidas y un movimiento en el pasillo me llama la atención. Una sombra. Entra en el marco de la puerta un niño. Está serio, parado en la entrada a mi habitación. Me mira. Sus ojos son la imagen del mal. Un niño que no es un niño. Un monstruo que empieza a acercarse a mi cama. Mi única salida sería enfrentarlo, pero no es un niño normal. Es sólo la forma. Se acerca despacio pero inexorablemente. Empiezo a levantarme cuando sucede lo más terrible: un sonido a espaldas de la criatura hace que se dé vuelta. Miro su rostro de furia inmutable que mira algo. Algo que se acerca. Algo que está con él. El niño lo espera. Sonríe. Gira la cabeza. Me mira y la sonrisa es una mueca diabólica. Retorna su marcha hacia mí. Intento gritar pero la voz no me sale. Otra sombra entra en escena y no veo más nada.

Me despierto en plena oscuridad. Aliviada enciendo la luz.
Parado junto a mi cama, sonriendo, está el niño.

Ventajas de vivir en el primer mundo y ser la mejor amiga de Clarita





¡Qué suerte que tiene Heidi!
¡Qué hermoso ser ella,
vivir en los Alpes Suizos,
correr por las praderas y
ser amiga de Clarita para poder arrojarla,
atada a su silla de ruedas,
al precipicio!

La rata humana



El cesto de la ropa sucia tiene forma cilíndrica. Tendrá como mucho cincuenta centímetros de altura con un diámetro de cuarenta.
¿Qué clase de ser vivo puede esconderse ahí dentro?
Porque lo que llama la atención, es que empieza a crujir la esterilla.
Podría ser un insecto de grandes dimensiones. Una araña quizás. Podría ser una gran cucaracha. No se necesita demasiado para que resuene esa paja. Pero además del sonido, está el movimiento. De repente el cesto empieza a moverse, como si algo desde dentro quisiese salir.
Sin embargo, ningún ser vivo con capacidad para abrirlo (porque lentamente se empieza a abrir) debería estar ahí.
Me consuela pensar que debe ser algo pequeño; como mucho una rata. Espantoso, pero exterminable.
Cualquier otra cosa debe ser forzosamente de naturaleza infernal.
Entonces La tapa cae como en cámara lenta hacia el costado, y sale una cabecita, y unos ojitos, y las manitos ¿MANITOS????
Lo último en asomarse antes de que yo salga corriendo son los dientecitos, justo cuando sale, emitiendo un infrahumano chillido de venganza, el cuerpecito vivo de Nelson De La Rosa*.


*
1970-2006, siempre vivo en nuestros corazones (clickee en todos los Nelson que encuentre, o sea este y el del post, para saber más y más sobre el tema)

Frases que me tienen harta

Actos fallidos, proyecciones, mecanismos de defensa, complejos de Edipo, victimizaciones.
Repitan tres veces seguidas (con voz de estar imitando a un pelotudo): "no es amor es obsesión, no es amor es obsesión, no es amor es obsesión".
Harta me tiene Freud.
Díganme porrrr favorrrr, ¿quién se cree que es para venir a meterle todas esas cosas en la cabeza a la gente? ¿se dan cuenta?? No es justo!
Ahora repitan tres veces seguidas (con voz de estar imitando a un pelotudo): "no te hagás la víctima, no te hagás la víctima, no te hagás la víctima"...
Hacerse cargo de aquí, ocuparse de uno mismo de allá... Así no vale. Así a nadie se le puede echar la culpa de nada. No es justo!!
Eso es no tener libertad para sufrir tranquilo!!!


Conflicto teológico puteante (Dios no cocina porque no le gusta)

Mi conflicto mayor con Dios se da cuando lo puteo.
Me pregunto: ¿Cómo puedo putear a alguien en quien no creo? (o que al menos no creo que sea puteable). Entonces automáticamente me corrijo: no es que no crea (o que no sea puteable), es que, si es realmente puteable, está completamente loco.
Y voy al punto: si el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, y yo últimamente lo vivo puteando, ¿me estoy puteando a mí misma?
Ese es el problema de vivir sola y no tener a quién echarle la culpa de, por ejemplo, haberte olvidado en el horno la tarta de acelga que estuviste preparando una hora con el respectivo gasto económico anterior y posterior, o sea, el que se va a dar a la hora de pedir las empanadas*que voy a tener que comer en el lugar de esa tarta.
¡Qué digo que no tengo a quién echarle la culpa! ¡Claro que tengo! A Dios, que está loco y hecho por mí a mi imagen y semejanza. Entonces ahí lo empiezo a querer, porque soy yo, no por otra cosa, porque para mí sigue estando loco porque la verdad... ¿a quién se le ocurre venir y quemarle la tarta de acelga a Dios que con tanto amor la preparó???
Hay que estar loco para agarrar y quemarle la tarta a Dios. Yo no haría algo así nunca. Entonces, si yo no quemaría la tarta de Dios, yo ¿no soy Dios? ¿No me puteo a mí misma?
Ahí es cuando todo empieza de nuevo, empiezo a putear de nuevo y aparece el conflicto. Y ya no sé siquiera, si creo en mi propia existencia.


*Por cierto, qué grosas las empanadas de Cumén-Cumén.

Los ovnis de mi vida


Les podría contar que fui atacada por una manada de elefantes enfurecida mientras cruzaba la 9 de Julio. Que corrí hasta que pude parapetarme en la entrada de un edificio pero uno de los paquidermos se detuvo, asomó la cabeza y me dijo...
"¡Uuuuh! ¡cómo zafaste!!!", me guiñó un ojo y siguió de largo. Seguramente se enterarían enseguida de que miento porque hoy en día basta encender el televisor para saber que ninguna manada de elefantes atacó la 9 De Julio... y la televisión no miente. De esto último no estoy tan segura, pero casi todos lo creen y "la verdad es una mentira repetida varias veces", decía Goebbels que fue el ministro de publicidad de Hitler y para manipular el cerebro del pueblo fue un maestro. Yo tampoco (miento), pero como yo no lo voy a repetir, no me voy a arriesgar a contárselos si total no me van a creer.
Podría, en el medio, parar y contar que tres veces en mi vida vi ovnis o más bien, literalmente, objetos voladores "no identificados".
Les podría contar que a los trece vi el primero en la quinta de mi prima una noche que estábamos las dos acostadas en unas reposeras en el jardín mirando al cielo y charlando.

-¿¡viste eso!??? -me dijo ella.
-¡sí!!! ¿Qué era?!!!
-ni idea!!! ¿sería un bichito de luz??
-¿pero vos viste lo que hizo???
-impresionante. Y se fue para atrás! ¿nos creerán?
-no sé... yo no lo contaría... igualmente capaz que sí, que a lo mejor era un bichito de luz...
-...¿vos decís?...
-¿no?
-y sí... puede que sí... no sé...

Y no lo contamos porque no nos creímos a nosotras mismas, pero los bichitos de luz no dan de repente un par de giros rápidos y se alejan hacia atrás. Tampoco mantienen prendida su luz por más de cuatro segundos.
El segundo lo vi a los veinticinco más o menos. Yo volvía de mi trabajo a eso de las siete de la tarde cuando sobre avenida Córdoba, justo cuando iba a cruzar a la altura de Gascón, me llamó la atención que siendo aún de día, hubiese una estrella tan tan brillante en el medio del cielo. De repente, al lado de la estrella apareció una luz también brillante y bastante grande, se quedó como unos segundos quieta, hizo un movimiento en U, giró y desapareció achicándose hacia atrás (debo especificar que si bien la "luz" estuvo suspendida en el cielo un par de segundos antes de moverse, el giro fue rápido y el acto de "desaparecer" sucedió en las tres oportunidades en cuestión de un segundo y a una enormísima velocidad). Me quedé un rato largo dejando pasar los semáforos y esperando ver que se encendiese de nuevo más adelante, que titilase como los aviones, que apareciese más arriba, que fuese y viniese como los globos o que apareciese un helicóptero, pero no. Era de día, pero no se veía ni se vio más nada en el cielo.
Al mediodía siguiente, mientras mirábamos el noticiero con mis compañeros de trabajo (no recuerdo ni quienes eran los conductores ni qué noticiero mirábamos, pero sí que eran un hombre y una mujer), la conductora anunció sonriente:

-nos informan que ayer a la tarde, "una tarde en la que Júpiter estaba particularmente brillante" (sic), se avistó un ovni cerca de ese planeta.
-se ve que habría una fiesta en Júpiter! (otra vez sic) -dijo el conductor.
Se rieron, dijeron algo como "y no nos invitaron" o parecido. Hicieron algunos otros chistes más sobre la próxima fiesta y pasaron a otra cosa (¿ven que mentir lo que se dice mentir, la televisión no miente?). Claro que un objeto volador no identificado es exactamente eso, algo que se sabe que no es una estrella, ni una nova, ni un avión, ni un satélite, ni un globo, ni un helicóptero, ni un fenómeno celeste, ni nada que pueda identificarse. Lo que no entendí es cómo nadie más pareció verlo aquella vez en plena avenida.
Al tercero y último lo vi con mi ex.
Estábamos en un paseo nocturno por la reserva ecológica y no sé por qué mientras todos miraban al guía yo me di vuelta para mirarlo a él y él estaba mirando para el otro lado, o sea para donde miraba yo, para el cielo sobre el río. Ahí nomás apareció la cosa esa otra vez.

-¡¡¡¿viste eso??!!! -dijo en el primer segundo. Me miró a mí, vio que yo estaba mirando, se dio vuelta para seguir mirando y ahí nomás el objeto se fue -¡¡¿lo viste?!!!
-miramos a la gente pero todos le prestaban atención al guía.
-es el tercero que veo en mi vida -le dije.

Creo que no me creyó o no me escuchó. Se pasó toda la caminata mirando al cielo y se perdió la reserva de noche que, no sé ahora, pero antes de la construcción de toda esa masa de torres iluminadas justo enfrente, era muy hermosa.
Después se lo contó a unos amigos en común que no nos creyeron. Dijeron que a lo mejor era un avión, un satélite, Súperman. A otro amigo de él al que se lo contó pareció interesarle y dijo conocer a alguien que había visto también (¿también?) un "platillo volador" (oootro sic) que tenía todas luces rojas.
Yo, por las dudas, ante tanto despliegue lumínico y circular no conté lo de mi "avistaje" diurno sobre avenida Córdoba anunciado en la televisión (que no miente).

Poco después, mi ex y yo nos separamos sin que ET tuviese participación en el tema.
No tuve éxtasis místicos, no se me develó la incógnita del universo, no adquirí súper poderes y ni siquiera poderes elementales. Mi vida cambió radicalmente, pero mi vida, cada tanto cambia así que eso no cuenta.
No creo más ni menos cosas ni se me despertó una inteligencia ni una intuición inusitada.

Hace poco se lo conté a un muy amigo mío. No sé cómo salió el tema y pensé que daba para contarlo por primera vez, pero no me creyó, y es lógico, después de contar lo de la manada de elefantes... ¿cómo puedo esperar que alguien me crea lo otro que es mucho menos increíble que un elefante usando el verbo "zafar"?, porque les juro, les re re re juro que el elefante dijo "uuh!... cómo zafaste!...", me guiñó un ojo y se fue.

Pequeñas vergüenzas adolescentes

A los 13 años casi me ahogo en el mar.
Estaba con mi prima y una amiga jugueteando en la orilla. El mar estaba peligroso pero apenas si nos llegaba a la mitad de la pierna cuando una enorme ola me sumergió, me arrastró hacia dentro y cuando subí a la superficie, revoltijo de agua mediante, estaba lejos de la costa.
Intenté nadar (con mi estilo inventado entre croll y perrito) hacia la playa con las olas (no sé por qué, cada vez que lo cuento me preguntan "¿y no tratabas de nadar
con las olas?" (léase con voz de pelotudo)), pero eran un revuelto acuático que iba y venía para todos lados y me llevaba cada vez más lejos. Veía a mi prima y mi amiga que se iban achicando por la distancia y parecían gesticular y gritar.
De repente me acordé de lo que una vez me había dicho mi mamá cuando era muy nena: "si te estás ahogando en el mar o no podés salir, tenés que levantar el brazo porque esa es la señal que interpretan los guardavidas". Y lo hice, pero veía a todos tan lejos y tan miniatura que pensé que nadie me iba a ver a mí desde la costa.
Lo que pasó en mi mente treceañera y Poldybirdeana a continuación, lo voy a tratar de contar lo más parecido a lo que recuerdo.
Las olas me golpeaban por todos lados. No habrían pasado ni cinco minutos, pero igual estaba cansadísima de la fuerza que había hecho y por la desesperación de la inutilidad de lo que hiciese. De pronto miré hacia arriba, vi el sol y literalmente "me despedí".
Sí, pensé que era la última vez que lo veía y me dije "chau, sol, hasta acá llegamos" (sic). Me sentí muy muy tranquila (juro que visto de lejos me resulta incomprensible, pero es exactamente lo que sentí. Una enorme tranquilidad). Retomé el intento de nado pero con una calma inmensa. Como que lo que pasase no importaba demasiado, y en eso, detrás de una ola apareció* el bañero con un salvavidas de los redondos.
-¿estás bien? ¿necesitás salvavidas? -me gritó como pudo porque el agua se metía por todos lados.
-no, pero no puedo acercarme a la orilla. Estoy cada vez más lejos.
El tipo me agarró del brazo por debajo de la axila.
-no te preocupes, quedate tranquila y dejá que yo te llevo que igual ya viene el bote. Cada vez que yo te diga pataleá.
Mientras "nadábamos" hacia la costa apareció el bote que nos tiró una soga y nos remolcó hasta que salimos.
Cuando llegamos se había formado ronda de esas que se ven de lejos pero siempre se cree que nunca le van a hacer a uno. Las personas empezaban a aplaudir.
Y a mí, gente, me dio tanta, pero tanta tanta vergüenza que sin dar las gracias y sin mirar, salí corriendo (mi prima jura que tenía los ojos abiertos como dos platos) para mi balneario que por suerte se había quedado como a tres o cuatro playas de distancia.

1)Según mis amigas, el bañero estaba que se partía de fuerte, pero yo no le miré ni los ojos.
2)A nuestras madres no les contamos el episodio sino hasta que volvimos a Buenos Aires.
3)Para el lado del rescate no quise ir en todo lo que quedaba del verano.
4)Desde entonces, en el mar no me meto más que hasta el tobillo, o mejor dicho: no me meto.



*cuando digo "apareció", me refiero a que había tanto oleaje que no podía ver qué había delante mío si no lo tenía casi al lado, o me "izaba" para mirar.

Mejor prevenir

Ayer a la mañana cuando ya entraba un poco de luz en mi habitación noté, al entreabrir los ojos, que sobre mi acolchado (que es blanco), caminaba un bichito.
Era una miniatura, pero me paré bien de golpe y prendí la luz.
Una arañita. De las chiquitas, las marroncitas.
Creo que quería decirme algo, así que antes de que pudiese abrir la boca, la reventé contra el acolchado que tendré que mandar a lavar.

(Arañas que hablan al amanecer... ¡porrrr favorrr!!!)

El verdadero amor

Charlando entre amigos llegamos a la conclusión de que el amor de la vida no puede seguir de largo. Nunca. Que si uno siente que ama pero no es correspondido, que si uno siente que en realidad no tuvo oportunidad, si siente que se lo sacaron o que el otro no se dio cuenta o no nos vio, es simplemente porque no era el verdadero amor.
El tema es darse cuenta. Y resulta que uno entiende esa conclusión y se la cree sólo cuando dejó de sentir que a lo mejor fue el amor de su vida, porque mientras siga sintiendo lo que pudo ser y no fue, sólo se dice de la boca para fuera como forma de autoconvencerse.
"Si no me quiere es porque no es, si no pasó nada más es porque no era para mí, si ama a otra es porque ese no es mi verdadero amor". Es un cantito vacío. Sin sentido pero que se desea creer fervientemente cuando lo que realmente se cree es... "aunque quizás hubiese sido distinto si...". Uno puede, inclusive, creérselo por momentos, pero todo tambalea cuando se lo tiene cara a cara o, lo que es peor, cuando se lo compara (porque no hay nadie mejor. Jamás).
Una mañana nos levantamos y lo entendemos de repente. Es cierto. No era. Es imposible que haya sido. El verdadero amor de la vida nunca puede seguir de largo.
Nos levantamos y sabemos lo que tantas veces, sin creerlo demasiado, nos repetimos. Se lo ve re simple, re fácil. Es así, es obvio, ¿cómo no lo entendía? Es tan, tan simple.
Y resulta que todo era cuestión de cambiar una creencia por otra; porque cuando uno por fin siente esa ¿verdad?, es por qué pasó a creer que el verdadero amor es para otros; para aquellos que están creyendo en lo mismo pero que en cambio lo tienen. Para los que lo creyeron siempre.
Y no está mal. No es doloroso, no es triste, no hay melancolía. Al contrario, todo es más Light. Ni mejor ni peor que antes pero sí más fluído.
Es otra etapa nomás, que a veces ni siquiera es nueva.
Es otra etapa, que vuelve.

Otra ayuda para el buscador de Google

Esta vez, han llegado a mi blog* con una alerta.
Todos somos conocedores de los estragos que le estamos haciendo al planeta. Todos sabemos del agujero en la capa de ozono, del efecto invernadero y del calentamiento global.
Que la contaminación, que la tala de bosques, que el agua, las especies en extinción, etc. Pero de repente ha aparecido una nueva alerta científica hasta ahora desconocida.
Yo creo que habría que llamar urgente a Stephen Hawking.
¿Usted tenía miedo de las ratas? ¿usted pensaba que Godzilla era un animal jodido?
Esto es PEOR!

Primera búsqueda: "PAPEL HIGIÉNICO PARA CULOS BLANCOS"

Y yo no noté la importancia de tener bien diferenciados los papeles higiénicos, hasta que llegó esta persona buscando sobre el tema.
Sé que esto puede sonar racista, pero no tiene nada que ver ni con eso, ni con ninguna cuestión política.
Esto es algo mucho, muchísimo peor.
Ustedes ni se imaginan lo que puede llegar a pasar si teniendo el culo blanco usan un papel higiénico para culo negro y viceversa.
¡El mundo conocido puede llegar definitivamente a desaparecer sólo por eso!
¿Alguno de ustedes, gente de culo blanco, estuvo usando papel para culo negro? ¿alguna persona de culo negro usó, acaso papel para culo blanco???
¡Por favor, si lo hicieron, no lo hagan nunca más! ¡nunca!
¡Miren lo que está sucediendo gracias a eso! ¡Lean la otra búsqueda de Google!! ¡lean, lean!

Segunda búsqueda: "QUE TRAGEDIA, HAY MUTANTES EN LAS CLOACAS"

¿Ven qué tragedia?
Ahora el asunto es ¿POR QUÉ mutaron los mutantes de las cloacas?:
por culpa del papel higiénico.
Yo nunca quisiera toparme con un mutante de la cloaca porque ¿de DÓNDE se forman estos mutantes?:
de las cacas.
Ya me hablaron un mosquito y un agnelotti, conviví con un moco-cosa...
Sé que esto es distinto y que una caca no habla, pero... ¿y si crece??!!!!
Calculo que la persona que hizo esta búsqueda ya habrá muerto.
No sé, no sé... les pido mil disculpas; ustedes saben que yo siempre doy lo mejor de mí para ayudarlos pero esto me excede.
Y lo peor es que es obvio que estamos (acá mismo, en Buenos Aires, desde nuestras cloacas), ante el principio de la formación de los famosos agujeros negros.
Una verdadera tragedia.


Update sugerencia de Gioconda:
sería conveniente que en cada baño, haya siempre papel para ambos colores de culo (con cartel aclaratorio) por las dudas; porque nunca se sabe de qué color puede ser el culo de un invitado.

Update mío: debería urgentemente salir el "papel higiénico unicolor" que, así como la ropa "unisex" sirve para ambos sexos, el papel unicolor serviría para todo tipo de color de culo. Quizás no sea lo absolutamente indicado, pero ante una emergencia puede servir.


*Uno sabe a través de qué búsqueda llegó la gente a su blog, con un contador de visitas. Yo tengo el SiteMeter (clik sitemeter). Allí te inscribís y te dan un código javascript para poner en tu blog. Una vez instalado vas a "referrals" (a la izquierda) y allí sabés desde qué link o a través de qué búsqueda llegó la gente (hay que clickear sobre la búsqueda y vas directo a ella).

El problema de la fugazzeta


Hablando con una amiga psicopedagoga*, me decía que la mayoría de los adultos tenemos problemas de aprendizaje leves, pero que nadie sabe que eso que nos pasa, es un problema de aprendizaje.
Parece que el más conocido, en el que me incluyo, es el de agarrar al vuelo cuál es la izquierda y cual la derecha.
Particularmente, cuando tengo que informar sobre estas opciones, o me las están nombrando, hago un mínimo e invisible movimiento con la mano "derecha". Viene a ser como un "tomar distancia" en miniatura. Es tan chiquito y lo hago tan rápido, que casi nadie se da cuenta, pero yo sé que todavía, no tengo aprendido cual es cual, sin experimentar antes.
También es un problema el de no aprenderse cuántos días tiene cada mes. O sea, ¡son doce meses!! ¡Doce meses que tenemos TODOS los años y casi nadie puede aprenderse cuántos días tiene cada mes, a menos que aprendan el versito o usen los nudillos!! (y encima muchas veces necesitamos esa información)
Pensando y pensando encontré este otro problema de aprendizaje que tengo:
a mis 42 años, todavía no sé cuál es la fugazza y cual la fugazzeta. Pasa que cada vez que la pido (a mí me gusta la que es con queso), tengo que explicar cual es la que quiero. Irremediablemente me dicen "es ESA", y apenas cortar, me olvidé otra vez.


*para quien no lo sabe, el "psicopedagogo", no es (como creen muchos) un psicólogo de niños, sino que es quien se encarga de los "problemas de aprendizaje", y aunque en general trabaja con niños o adolescentes, puede trabajar con gente de cualquier edad.

Pero yo sí tengo perro


Acostada, leyendo el cuento La cabeza del perro (click), siento al mío moverse debajo de mí.

A veces, mi perro se asusta por algo que, aparentemente, sólo él percibe.
De vez en cuando, por ejemplo, viene a mi lado y se queda temblando de miedo y con la mirada fija en algún rincón.
Nunca encontré la causa que justifique su temor, pero igualmente, siempre me sobresalta un poco esa reacción.
Cuando estoy con algún libro y siento que se agita acelerando su respiración por el pánico, suelo dejar caer una mano al costado de la cama y para tranquilizarlo lo acaricio sin abandonar la lectura.
Estoy en eso cuando lo veo entrar por la puerta del dormitorio, agazapado y gruñendo, dirigiendo la vista hacia donde están mis dedos, que creen estar acariciando su cabeza.

El fantasma de la cucaracha vengadora



Por más que intente relajarme, después de haber "casi" asesinado a una enorme cucaracha (porque me pareció que aún agitaba un poco sus patitas cuando tiré la cadena), siempre me pasan tres cosas:

1) me estremece cualquier sensación de roce, hasta la más obvia como por ejemplo, la de mi propio cabello sobre los hombros, o la del pantalón en el tobillo y me asusto pensando que es otra cucaracha.
2) no puedo sentarme en el inodoro ni aunque haya apretado el botón cinco veces porque, a ver si se las ingenió para quedar enganchada por ahí y sale justito cuando estoy sentada y se me trepa o peor aún... ¡salta!
3) veo "sombritas" negras de reojo, que me hacen sobresaltar a cada rato.
Por suerte, enseguida apelo a mi imaginación, se me ocurre bajando por el remolino incontrolable del desagüe mientras grita "¡socoooorro!". Calculo que nadie la va a ayudar, glup glup glup. Y listo.
O no, porque... ¿saben qué puede ser peor que una cucaracha que vuelve para vengarse de quien intentó matarla?
Una cucaracha que vuelve, pero para vengar su muerte.


Asesinando a Freud

Sueño que un asesino serial, nos tiene atrapadas a dos amigas y a mí en su casa del medio del bosque.
Todas las habitaciones están llenas de artilugios mecánicos para que cada vez que vaya a comprar provisiones no podamos escapar, pero una de las chicas logra sortear una de estas trampas y desactiva todo el resto.
Libres y justo ahora se oye el motor del auto de nuestro captor que vuelve.
Calculadamente, esperamos que esté dentro para atacarlo.
Una le da un palazo en la cabeza que lo tira aturdido al suelo mientras otra lo golpea por todo el cuerpo.
Yo doy la estocada final: le clavo sin dudarlo y sin sentimientos, una afilada y brillante cuchilla dos veces en el corazón.
Me sorprende lo fácil que se abre paso la hoja a través de la carne. Como si entrase deslizándose en un pan de manteca.
-hay que esconder el cuerpo antes de que empiece a llegar la gente -dice una de las chicas.
Entre las tres sacamos el cadáver fuera.
Cuatro niños que juegan entre los árboles nos acercan unas antorchas.
-"quémenla" antes de que despierte -nos ordenan.
Y quemamos a la bruja vieja con pelo de estopa amarilla que chilla y chilla mientras se derrite como se derriten todas las brujas, pero sin agua.
-esto no está nada bien -comenta una de mis amigas- porque en realidad las brujas no existen.
-¿y entonces a quién asesinamos? -pregunto.
-al asesino -responde la otra.
Mientras subimos la loma que separa aquel bosque de mi edificio en el centro de la ciudad, pienso en que ahora ya sé lo que es matar porque he matado a dos personas aunque una no haya existido nunca.
-cuando llegue a casa voy a escribir sobre esto -me digo.
Pero no escribo nada.


La cosa moco


El nene de mi amiga (tres años) se había metido en mi habitación con el dedo dentro de la nariz. El dedo salió con moco durito y entonces le grité un "¡chancho! ¡vaya a lavarse el dedo!"
Sucedió entonces que el pibe se movió de golpe y el moco se le cayó.
Nunca más lo encontré.
Lo busqué en la silla, en el acolchado, en el escritorio, en el piso. Busqué entre mi ropa y entre la ropa del pendejo que se reía feliz de haber perdido su moco.
Cuando vino mi amiga seguimos buscando un rato más.

-¿pero era un moco común?
-aparentemente, de los duros, verdes. Yo lo vi, y de repente se le cayó y ya no estaba...
Buscamos y buscamos. Cuando vino el marido de mi amiga también vino a ver si lo encontraba pero nada.
Desapareció.
En mi dormitorio hay un triángulo de las bermudas del moco, o peor aún: hay un moco desaparecido.
¿Alguien vio "La mancha voraz"? Bueno, se trata de un meteorito que cae en la calle de un pueblito yanqui, un tipo pasa por ahí, lo toca con un palito por el que empieza a trepar una especie de moco que cuando toca a la gente, se la engulle y así el moco va creciendo y creciendo y más gente come, más grande se hace. La cuestión es que la cosa esta, necesita calor para sobrevivir y por eso se "pega" a las personas. Lo terrible es que el gobierno no tiene mejor idea que bombardear el pueblo con gente y todo y cuanto más calor, más moco.
Al final (atención gente que de aquí hasta el punto y aparte voy a contar el final) el chico héroe de la película, lleva un camionazo lleno de una carga refrigerante, le prende fuego por fuera para atraer al monstruo, éste lo abraza (al camión) que justo explota soltando todo el refrigerante y la cosa se queda toooooda congelada y así la juntan la freezan para siempre y termina todo.
Por las dudas miré en el freezer, pero ahí tampoco estaba el moco.
Ahora estoy alerta, y ustedes están todos avisados. Si ven a la cosa esa (que es el moco del nene de mi amiga) caminando por la calle y engullendo gente a lo loco, no le disparen que es peor: usen matafuegos, o llévenla a lugares con aires acondicionados o esas cosas.
Pueden, por ejemplo, llevarla al shopping, pero asegúrense de desalojarlo antes, si no va a ser peor porque se los va a comer a todos.
Hay que estar preparado.
Si los padres de la bella durmiente en vez de ocultar todas las agujas de reino, le hubiesen hablado de la maldición que se cernía sobre ella y le hubiesen enseñado a coser desde chiquita, capaz que nunca se hubiese pinchado a los quince años, porque honestamente, si sabés que cuando tengas quince años, un hada malvada te va a hacer dormir durante cien al tocar una aguja, esperás a los dieciséis para tocarla y listo. Total, después tenés toda la vida por delante para tocar agujas.
Saber siempre es mejor que no saber.
Por las dudas, yo, esta noche me voy a dormir al ladito de la heladera.
Deséenme suerte.

De la maldad de los niños (un viaje en colectivo a través del tiempo)


Yo nunca creí en eso de que "pooobre... lo que pasa es que está viejito". No.
Yo creo firmemente que un anciano jodido, fue un joven jodido, y un joven jodido, fue un niño jodido.
Tenía cosa de cinco años y había aprendido que, si en el colectivo molestaba a mí mamá lo suficiente con ..."¡me quiero sentar, estoy cansada!!!", siempre alguien se levantaba y nos daba el asiento.
Me acuerdo que inclusive, ella insistía con gesto de vergüenza en que no, ..."por favor señor, gracias pero no, si es de caprichosa nomás"... pero como yo seguía llorando el pobre hombre, o la pobre chica, insistían más aún, y mi mamá me hacía sentar a mí sola quedándose de pie y muda ante mi insoportable actitud merecedora de un cachetazo.
Cierta vez, como tantas en las que el colectivo estaba lleno, me dispuse a insistir con toda mi capacidad dramática acerca de lo cansada y necesitada de sentarme que estaba, pero resultó que una buena señora (bastante mayor, a juzgar por su cabello blanco) que justo estaba delante mío, apenitas dije, "me quiero sentar, estoy cansada", se corrió un poquito de donde estaba y me dijo en tono bajo pero autoritario... "vení, nena, sentate acá". Yo me quedé mirándola como sospechando que no me convenía hacer escándalo para que se levante del todo, pero mi mamá, ante mi duda y después de agradecerle a la mujer, me dijo en tono de "si no obedecés, en casa te mato":
-sentate y callate la boca.
Me pareció ver un brillo en la mirada de la mujer, y pese a que no era eso lo que quería me senté.
Viajé incómoda. Lo suficiente como para darme cuenta de que mis caprichos tenían un límite, y como para nunca más hacer una escena de ese estilo en ningún lado (hubo otras, pero son tema de oooootros posteos).
De esto me acordé el otro día cuando una nena hizo algo parecido en el colectivo atestado. Yo la escuchaba pero no la veía, y también escuché al señor que dijo "venga señora, sientelá" y a la mujer disculparse y decir "por favor señor, gracias pero no, si es de caprichosa nomás" y a mí... "BUAAAAA!!! MEQUIEEEEROSENTAAARESTOYCANSADAAAAA!!!!"... "por favor señora, déjela sentar que es chiquita".
Y no sé si fue un encuentro entre dos tiempos. No sé si la nena era yo u otro monstruo en preparación. De lo que sí estoy segurísima ahora, es de quién era aquella señora que se corrió esa tarde.
Es bueno tener una meta para la vejez, y les juro que espero con ansias el momento en que me toque esa criatura, llorando manipuladoramente a mi lado, para decirle feliz... "vení, nena, sentate acá".
Y me encanta la idea de poder "educarme" a mí misma.

Muerte ornitológica (Variaciones sobre el "no somos nada")



En el velorio de un tío abuelo, la viuda me dijo refiriéndose a su marido:
-por suerte murió como un pajarito...
-y claro... -le dije yo- mejor.






(todavía me pregunto qué me habrá querido decir).


Primer encuentro

Éramos diez, varones y mujeres. M y yo, con cuatro años, las más chicas.
Me acuerdo que entre todos corrimos al ratón por el jardín hasta que quedó acorralado contra el tronco de un árbol, entonces, G, agarró una piedra del cantero y con el aliento eufórico de todos nosotros apedreó al animal hasta matarlo.
Después, los chicos se fueron para adentro y M y yo nos quedamos ahí, junto al árbol.
Y era un ratoncito muy chico, más que la palma de mi mano. Me acuerdo que lo levanté de la cola y me dio una pena tremenda porque parecía tan inocente e inofensivo, y lo habíamos matado, y yo estaba tan pero tan arrepentida entendiendo por primera vez que la muerte era irremediable.
Y cuando lo sostenía en alto sintiendo toda esa culpa y la certeza de la terrible equivocación, mientras desde la casa llegaban las risas de los otros, M le rozó muy despacio la cabecita y fue la primera en ponerse a llorar.

Tres al hilo

clickeá sobre las imágenes si querés ver las búsquedas ampliadas


Entraron a mi blog buscando: "modelo de celulares que leen la mente" pero para poder ayudarlos necesito más datos porque acá no queda claro si estos sólo sirven para que charlemos leyéndonos la mente entre interlocutores, si también nos marcan el número telefónico al cual queremos llamar leyéndonos la mente o si los celulares tienen vida y nos leen la mente pero nosotros ni nos enteramos. En todo caso esta búsqueda yo creo que está muy unida a otra que llegó: "por culpa del celular".
No sé bien cual es la relación, pero es obvio que ahí hay algo muy raro.
Mientras averiguo el tema de los celulares asesinos, voy a ir hablando sobre otra búsqueda que, aunque no tenga nada que ver con el tema anterior, es mucho más urgente:

Mi bebé es sonámbulo


Señora: su bebé es el diablo.
No se preocupe, le puede pasar a cualquiera. A la virgen María la dejó embarazada una palomita, a usted seguramente un chacal aunque no se acuerda porque esa noche la drogaron y siempre pensó que había sido su marido el que le dejó los arañazos, pero no: era el diablo, o sea, su propio hijo (de usted) que encima es su propio padre (de él). Es difícil, pero si se concentra lo va a entender.
Mi consejo es que haga como Rosemary y lo quiera, porque después de todo es su hijo, eso sí, mejor durante la noche enjáulelo. He oído sobre casos de bebés que han caminado por el techo hasta dejarse caer sobre la cabeza de sus padres para asesinarlos y comérselos.
¡Mucha suerte!

(y ojo que no estoy tan segura de si los celulares no habrán tenido algo que ver en este caso del bebé diablo)

Ser feliz es una página doce

Tengo el deber de informarles que he sido nombrada en Página12. Sí, aquí mismo en ESTA nota.
O sea, ya sé que deber de informarles, lo que se dice deber no tengo, pero casi.
Es decir... no se vayan a creer que me re interesa...
Bueno... un poco...
Bah... má sí!!! ME ENCANTÓ!!!!!!
Y sí... tengo un día de felicidad asegurada porque hoy me creo mil y creerse mil es parte de la felicidad así que hasta que no me bajen de un hondazo (y miren que va a tener que ser un florrrr de hondazo), soy feliz y creí conveniente remover el posteo que había publicado anoche por irrelevante y dejarlo para más adelante (con comentario incluído) porque en este momento TODO es irrelevante y nada más importante que Página12 en mi vida y en mis temas de conversación al menos hasta después de comer.

(gracias Paula Carri, así, sin conocerte me caés bárbaro)

Sépanlo

Es importantísimo que todos tengan en claro una cosa: la imaginación es siempre ilimitada, y la creatividad es una cuestión de practicar y ejercitarse en la combinación de experiencias propias o ajenas, que estén en nuestra imaginación.
Alguien podría decir que a falta de experiencias aparece la imaginación que aumenta la capacidad creativa; o lo opuesto, o sea, que para ser creativo habría que acumular experiencias. También hay quienes sostienen que la imaginación y la creatividad son innatas.
Particularmente, creo que cualquiera, absolutamente cualquiera que se ejercite lo suficiente, puede finalmente convertirse en una persona altamente creativa. No hacen falta infinitas experiencias ni infinitos elementos que observar para poder crear. Basta tener bien ubicadas seis cosas esenciales: la línea y el círculo, la luz y la sombra, lo húmedo y lo seco. De esos elementos se extrae lo necesario para poder obtener todo. Ahí está lo rígido y lo blando, el color y la oscuridad, la vida y la muerte; y ahí está escondido el secreto simplísimo de la creatividad, porque ahí está todo.
Lo demás es una cuestión de practicar. Combinen, revuelvan, corten, peguen y mezclen.
Y es necesario que sepan esto porque es el único terrible gran problema de la mayoría: que no lo saben.

Planeta Seven

Es el anochecer del primer día de mis vacaciones.
Salgo a dar una vuelta por el pueblo y es además, la primera vez en este lugar tan chico y alejado de mi mundo conocido.
El centro es de dos o tres cuadras con algunos bares, cuatro o cinco restaurantes y algunos locales de ropa.
Entro en un bar a tomar algo.
Ni bien entrar veo cuatro chicas adolescentes y muy delgadas que, divertidas, consumen una 7Up con un limoncito en el vaso cada una.
Recorro con la vista el sitio en busca de una mesa en donde sentarme, y entonces mis ojos se van posando en las otras mesas.
Dos mujeres pintarrajeadas charlan animadamente con sendas 7Up con limón en su mesa. Un matrimonio con dos chicos, acompañan su cena con una botella de las grandes de 7Up con sus limones personales y sonrisas. Un señor mayor se ríe mientras lee el diario y toma, por supuesto, una 7Up con el limoncito. Tres o cuatro mesas más están ocupadas; todos consumen 7Up con limón y parecen sospechosamente felices.
-Es obvio que acá lo único que tienen es 7Up -pienso- pero... ¿y el limón?
Como por instinto me siento cerca de la puerta de calle.
-¿qué se va a servir? -me pregunta el mozo.
-¿tiene Coca-Cola light? -le pregunto obviamente sin esperanzas y sólo por costumbre. De pronto, en la estancia reina un silencio helado.
-sí... - me contesta el mozo con sequedad- ¿le traigo una?
-¿Sprite Zero?
-sí...
-¿Agua tónica? ¿Coca común?...
-sí señorita. Tenemos la línea Pepsi completa, y la línea Coca también.
Un frío me recorre la espalda. Me doy cuenta de que una de las adolescentes se dio vuelta para mirarme, pero ya no ríe. Las viejas se miran fijamente entre sí como si se les hubiese detenido el tiempo. Todos en el bar se han quedado en silencio.
-¿té... café?
-también -me responde el mozo desafiante. Y agrega lentamente y modulando muy bien las palabras- ...lo que usted quiera...
-entonces -contesto decidida- ¡tráigame una 7Up con limón!
Un suspiro de alivio se deja oír a coro en toda la estancia.
Y yo sé que hice bien; ser valiente es una cuestión de inteligencia.
En esa situación pedir una Coca-Cola light no hubiera sido un acto de valentía: hubiera sido un suicidio.

Deseos pre-vacacionales

Me voy a la noche, y deseo, en estas vacaciones, encontrar algo maravilloso. Por ejemplo una cueva escondida en el suelo o entre las rocas con un tesoro pirata multimillonario. O bueno, no necesariamente pirata, puede ser un tesoro de alguna tribu de indios latinoamericanos extinguidos que todavía nadie descubrió pero voy a descubrir yo, ¿y por qué no la ciudad completa?
Por supuesto que antes de avisar a las autoridades me voy a esconder gran parte de ese tesoro, porque no nos engañemos, que si no me lo escondo yo, seguro que se lo esconde el primer policía de turno que va a venir a ver la "pelotudez" (porque seguro que va a pensar que es una pelotudez hasta que lo vea y después va a pensar sólo en el oro) que quiero mostrarles, si es que viene, porque a lo mejor no viene y entonces, el gran descubrimiento de mis nuevos indios (más bien sería "antiguos, extinguidos y desconocidos", pero para mí, que estaría de vacaciones, serían "nuevos" y "míos") se perdería otra vez en el atardecer de la humanidad y para siempre.
Pero supongamos que el policía sí viene, y mira todo ese oro. Antes de llamar al comisario se robaría otro porcentaje, y el comisario lo mismo, y así hasta que para cuando fuesen a llegar los antropólogos, arqueólogos, etc., la cueva (o la ciudad) estaría vacía y otra vez se habría perdido para siempre el descubrimiento de estos, mis nuevos indios excepto por los espíritus que andarían eternamente rondando el lugar enojadísimos.
Me pregunto cuántos indios nuevos no ha conocido el mundo por culpa de la policía corrupta que se roba todo el oro antes de que salga a la luz.
Entonces, decía, antes de avisar a la policía (que debería avisar a las "autoridades"), voy a llevarme gran parte del oro y listo.
O mejor no aviso nada y me lo quedo todo para mí, total... a cómo viene la mano, parecería ser que la única que va a conocer a estos indios soy yo.
(Para dejar tranquilos a los fantasmas, prometo donar el cincuenta por ciento vaya uno a saber para qué cosa, y el otro cincuenta repartirlo para el servicio de pro-ayuda al bloguero necesitado o algo así, en el que me encontraría incluida)

Podría también, desear conocer al hombre del que me enamore profundamente y que se enamore de mí, porque estoy medio podrida de que nunca me coincidan esas dos cosas, pero a decir verdad eso lo veo tan pero tan fantasioso que por ahora me conformo con el tesoro escondido.

hagan click sobre la imágen para leer el prólogo de "H.P y Giuseppe Bergman: Comienza la aventura", 1978 (si no les sale en el primer intento, retrocedan y prueben de nuevo que no sé por qué yo tengo que hacer eso porque en la primera no me sale), y si pueden, consíganse este alucinante cómic (en la cantidad de tomos que sean) del genial (genial) Milo Manara (click sobre Manara).

Hace unos meses zarandeó a su gatito hasta matarlo. Más tarde, arrojó al hamster desde el balcón de su quinto piso.
La otra noche, tras dejar un reguero de gente golpeada y protestando en impotente voz baja, cuando por fin se lo llevaron se convirtió en el tema de conversación de la reunión.
Y no es para menos: apenas tiene 3 años.

Se supone que la pregunta va en joda porque una no espera que le respondan cuando pregunta si el pibe que se curtió la amiga (y que encima va en serio) ..."¿Y, qué onda che, la tiene grande?" Una no espera que le respondan (y de hecho de estar en ese lugar no respondería) pero muchísimo menos se espera que le contesten:
-"y... la sabe usar".

(y menos mal que no contestó "y... es re simpático")

No puedo creer que hasta ahora, no haya habido ningún asesino al que se le haya ocurrido confesar su crimen por internet.
Por ejemplo, si es alguien que asesinó a un familiar o a un amante pero no piensa volver a matar, podría simplemente publicarlo en "tusecreto.com".
Si, por el contrario, es un asesino serial hecho y derecho, debería abrir un blog y relatar paso a paso sus crímenes pasados y los que vendrán, para tener en vilo a toda la humanidad cibernética.
En una película seguramente, podría pasar eso. O en una miniserie.
Para mí que a los asesinos seriales no les gustan las miniseries.
¿O será que tienen cosas más serias en qué pensar?

El crimen del agnelotti (más que un relato, una confesión)

Sé muy bien que lo mío es exagerado y no quiero parecer redundante con el tema de las cosas parlantes, pero siento que se los tengo que contar.
Como todos saben, hace nomás un par de meses estuve hablando con un mosquito presuntamente diabólico que, por si les interesa, falleció hace una semana. En realidad esto no es importante porque en lo que a mí respecta, la muerte del mosquito me resulta más bien un alivio más allá de que aún no sé bien qué hacer con su cadáver; el asunto que me trae hoy es el del agnelotti.
Sí, les parecerá una locura, van a creer que miento o que quiero llamar la atención, que como el mosquito murió necesito algo más fuerte para levantar el rating, pero no: hablé con un agnelotti (o mejor dicho, con varios).
No sé si habrá sido algo químico (no sé, digo, capaz que pasó algo que hizo que cobrara vida) o que a mí me persiguen los fenómenos extraordinarios, pero el agnelotti me habló, doy fe. No me miró porque los agnelottis no tienen ojos, pero yo sé que me veía, porque el tipo me empezó a gritar no cuando lo pinché con el tenedor, si no cuando me lo estaba llevando a la boca.
-¡no me comas, por favor no me comas!
Miré para todos lados porque lo último que hubiese podido pensar es que los agnelottis hablan. Me levanté y fui a buscar la cajita que todavía tengo con el cuerpo del zancudo (si alguien sabe qué se hace con los mosquitos diabólicos muertos, por favor, cuéntemelo porque no quisiera irme al infierno sólo por tirarlo a la basura, es decir, a lo mejor hay que hacer alguna especie de ceremonia que desconozco, digamos). Ahí estaba el bichito. Muertito muertito y en el máximo pico del rígor mortis.
Me senté nuevamente a comer y otra vez, cuando me voy a meter en la boca el tenedor...
-¡no! ¡por favor no me comas, te lo suplico!
Ahí no tuve más remedio que mirar al agnelotti, porque otra cosa no estaba por comer.
Yo no quería porque no creo mucho en esas cosas, pero con algo de duda y en voz muy bajita por si me estaba imaginando cualquier cosa le pregunté...
-... ¿me hablaste?...
-¡sí! ¡por favor, no me comas!
Qué quieren que les diga. La verdad es que me quise morir porque ya era demasiado. El agnelotti me pedía por favor que no lo coma y no decía nada más, porque el mosquito al menos me quería conceder un deseo, pero este, nada. No me comas y punto.
Decidí dejarlo en el plato y probar con otro. Otra vez que "no me comas, por favor, no me comas".
-pero... ¿por qué no te comería? -intenté yo.
-¡por favor, no me comas! -seguía
Yo esperaba algo más. Algo que me indicase un por qué, algo que echase luces sobre el asunto.
-¿y cómo es que ustedes hablan? -repliqué.
-¡no nos comas, por favor no nos comas! -empezaron todos al unísono.
Y nada; que no nos comas de aquí y no nos comas de allá, pero nada que me explicase el fenómeno por el cual los agnelottis hablan. Los agnelottis no parecían muy inteligentes, pero sólo con que hablasen ya era raro.
Por un instante pensé en concederles el deseo, pero ya saben cómo son estas cosas. Si no me los como hoy, mañana se toman el codo y capaz que son los ravioles, o la pizza y al final uno se encuentra con que no puede comer nada, así que respiré hondo y pese a las protestas de todos, y sin saber cuánto me iba a arrepentir un segundo después, me tragé la pasta de un bocado.
Terrible gente. Por experiencia propia les digo, nunca, jamás se coman a un agnelotti que les pide por favor que no se lo coman. Nunca.
Lo que siguió a continuación fue un espanto. Una serie de gritos aterrorizados y de odio. Desde el plato gritaban todos enfurecidos, pero lo verdaderamente terrible venía desde dentro de mí. El grito del agnelotti que iba descendiendo desesperado por el esófago, hacia el inevitable ácido gástrico de mi estómago y moría entre estertores ahogados.
Fue terrible. Realmente. Casi sin darme tiempo a meterme los dedos en la garganta, se escuchó un último "agrrfsssrflllggg" (era algo así: "agrrfsssrflllggg") salpicado de ácido gástrico y después, el silencio.
Yo quedé en silencio. El plato quedó en silencio.
Sabía que estaban mirándome acusadoramente y que les había asesinado a un hermano, pero ya era tarde.
Yo no sabré qué hacer con el cadáver de un mosquito parlante, pero sé muy bien qué hacer con un plato de agnelottis vivos. Los tiré a todos a la basura y pese a las protestas generales, saqué la bolsa a la calle y la llevé bien lejos.
Y cuando les decía que no sé qué hacer con el cadáver de un mosquito parlante, no les mentía. Aunque ahora voy a tener que enfrentarme a algo mucho más escatológico: el cadáver del agnelotti que maté y que aún llevo dentro de mí.
De todas formas, no me interesa; sé muy bien lo que voy a hacer con él, y por cierto, no me va a temblar la mano cuando lo haga, y no pienso mirar ni antes ni después de apretar el botón.